Make your own free website on Tripod.com

 

 

 

 

 

 

 

 

Oreste Plath, del libro "Lenguaje de pájaros chilenos"

 

PICAFLOR
Sephanoides sephanoides (Lesson y Garnot).
Desde Atacama a Magallanes.
(Pág. 53-54)


Pajarillo diminuto, de pico delgado como un alfiler. Alguien lo llamó Tominjo, porque no pesa más que un tomín, que es la décima sexta parte de una onza.


Su canto es como un silbido muy claro, débil y proporcionado a su organismo. Entre las especies de Chile, en Arica se encuentra uno de los picaflores más chicos del país.


En la isla de leyenda, Robinson Crusoe, es rojo con la cabeza como cobre y ella verde.


Ella pone unos huevos de la magnitud de un garbanzo.


Lo elogian como notablemente bello por su vestido de sutiles plumas y por los cambiantes que ofrecen los finos colores que permiten la gradación de los matices. Tiene el resplandor del oro y de las piedras preciosas.


Hasta después de muertos, disecados, conservan su esplendor.


Como es un bebedor de ambrosía, por otro nombre tiene el de Bebenéctar, lo llaman también Colibrí y por permanecer largo rato suspendido fijamente en el aire, por avanzar, retroceder, descender, le viene que le digan Tente en el Aire, pero el más corriente es el de Picaflor de picar la flor, lo que no hace. Le apetece sobremanera el néctar de las flores, el que sorbe con tal delicadeza, que no les causa él menor daño. Aparece repentinamente, y para de pronto su vuelo vertiginoso ante una flor, y puede que dé con un insecto de ellas.


Se hurta con precipitación de los ojos de quien le mira.


Se le considera como el símbolo de la inconstancia, porque continuamente salta de flor en flor, lo que sí hay que aceptar es que es polígamo. Ser un Picaflor es ser muy cambiante en el amor.


En el invierno se retira a las concavidades de los árboles y en ellas se sepulta y adormece con tal suspensión de los sentidos, que parece muerto, para volver en su tiempo a los campos de flores con nuevo vigor.


Para los campesinos es un misterio, no saben lo que ocurre con ellos en la época de lluvia. Si bien opinan que se ocultarían en troncos huecos, pasando esa temporada en sueño, o bien se colgarían de una rama.


Los mapuches lo conocen por Pingueda o Pincuda y creen si llevan a sus nidos un cabello, la persona a quien pertenece queda expuesta a fuertes y prolongados dolores de cabeza.


A la vez presagia muerte por ahorcamiento a las personas que les toma cabello para hacer su nido, sobre todo a las mujeres. Como lo ven aletargado y pendiente de una rama, generalizan que así quedarán quizás las que han tenido cabellos en contacto con el Picaflor (Reducción de Angol).


Siempre los mapuches les han asignado propiedades purificadoras y hombres y mujeres corrían tras estas inquietas avecitas con la esperanza de aprovecharlas para redimirse, lograr una purificación y alivianarse.


En Chiloé lo distinguen con el nombre de Pinga, Pimpinga y las mujeres que no pueden ser madres creen que cogiendo un Picaflor y al suave contacto con sus manos dejándolo luego en libertad, se recibe la dicha de engendrar.


Ornitoponimia: Pindaco, Agua del Picaflor; Pindahue, Lugar de Picaflores; Pindapulli, Tierra de Picaflores.

Volver a Las aves en la literatura Chilena